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Hace frío. Perdí alrededor de dos horas buscando posibles nombres para una cuenta en wordpress (esta), y malgastadas fueron porque acabé encontrando la palabra precisa justamente donde yace el músculo inerte que sobrevivió a la lobotomía. Dios no me quiere, ni él, ni ella, ni yo misma. Mi redacción adolece de inconexión patológica -se resiste a madurar, no es que yo no lo haya intentado-. Me siento mal porque tengo hambre, ganas de comer(te), roer y arrancar pedazos de la fantasía platónica para jugar con ellos. Muerdo compulsivamente las mangas de mi polerón buscando satisfacer mi ansiedad. Dedos caminan a través de mi cuello palpando hematomas, sintiendo el dolor. Necesitaba saber y reafirmar que así ocurrió.
Todo indica que dormiré mal esta noche (o lo que queda de ella).