Archivado en: Borrador
Hay un problema serio de comunicación entre el instinto y el pensamiento. La otra esfera de la tríada es mejor dejarla de lado, pues los sentimientos nunca han sido mi fuerte. Retomando: cuando el cerebro de este pequeño saltamontes se dispone a dar un paso, sus instintos animalescos de Homo Sapiens Sapiens -en estricto rigor, claro está- adelantan en función de atajos y sucias jugadas que deberían ser penalizadas por algún ente fiscalizador. Lástima que Pepe Grillo renunció al cargo cuando decidí asfixiarlo en THC y otras sustancias ilícitas. El punto es que no me obedezco. Nunca pensé que la transgresión alcanzara tales ribetes, al extremo de desafiar mi propia autoridad. Después de todo, mi discurso sólo tiene pinceladas y boceteos rápidos de anarquismo, es decir, una mínima porción (“Uno no es ninguno“, reza el refrán), por lo tanto las Órdenes siguen teniendo dicha connotación -con mayúscula- y se acatan, mierda!
Por otros rumbos, ella está aquí otra vez. Cuando oí el timbre procuré contar cuidadosamente mis pisadas y multiplicar por una constante pre-determinada, para poder recibirle como se merece. Es una princesa y yo sería incapaz de faltarle el respeto. No hablamos, pues basta un par de miradas y la sensación molesta con la que me castiga de vez en cuando para notar si ella está feliz, triste o enojada. Ante todo, deseo complacerla. No quiero que huya de mis brazos otra vez. He de asegurarme que permanecerá junto a mí una larga temporada, estirándola hacia lo eterno.
Sujeto a Subjetividad
Quizás ahora, las sábanas que susurrarán mi nombre por cinco vidas completas estén recibiendo toda tu desgracia hecha eyaculación. Seguramente estás sumergido en la horrible lírica de tus canciones favoritas, cantadas en idiomas apócrifos y claramente posicionadas en un estado inferior evolutivo. Hoy miré la fecha y conté los días -son dos o tres, según corresponda-. Si tienes buena memoria, recordarás que yo no olvido. Jamás. Aún tienes tu sitio en la alacena, entre telarañas y cartas veladas por el polvo -Es importante precisar que he expulsado toda clase de melindrosas contemplaciones hacia ti, lo cual no implica el hecho de que haya reseteado y decidido partir de cero (aunque a usted le hace bastante falta una experiencia similar)-, al cual podrás regresar cuando la madurez haya anidado en ese infante corazón. No es que me haya dado el impulso de derribar muros ni nada por el estilo, pero sí me gustaría recuperar una parte de aquello que las formalidades y sus tentáculos deformaron a tal punto de convertirlo en un adefesio, monstruosa creación de la (in)humanidad. Todavía guardo cartas que no te entregué y palabras que no pronuncié. Desearía dártelas a conocer, pero aún estás muy verde y temo por tus tiernas entrañas. Esperaré. Para cuando tu fisonomía cerebral adquiera un grado mayor a tu estacionaria condición de ‘eslabón perdido’, ya sabes donde me pierdo cuando casi-casi me encuentran.
Aún no hay comentarios por mucho
Deja un comentario
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <pre> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>