Malas Noticias


Desvaríos Misceláneos
Septiembre 18, 2008, 7:03 AM
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Cosas que hay que anotar por el simple placer de verlas huír de la guillotina mental:

Es un amasijo de sensaciones que (no) experimenté y que -producto de esa nostalgia mamona que me invade de vez en cuando- extraño en sobremanera. Echo de menos sentir aquello que jamás tuve en carne propia. Realmente fue una pena haber perdido dos años de la impagable juventud en función de sucedáneos casi tan asquerosos como ése que se ocupa en los hogares de escasos recursos (como el mío) para aliñar las ensaladas. Me refiero al émulo de lo que mueve, emociona y excita a más personas que Madonna y Jesucristo juntos, es decir, el triste amor; el falso amor, el amor a secas. Supongo que ya se entendió. Cuánta desilusión al notar que esa necesidad inevitable de estar junto a determinado ser no era más que un sub-producto de los desechos que la misantropía congénita elabora en mí. Vi pasar tantas, pero tantas maravillas delante mío y que no pude coger por el sólo hecho de mantener un compromiso, una subyugación voluntaria en nombre de un conjunto de manifestaciones químicas a nivel cerebral que no poseen brillo alguno, que me dan ganas de deshacerme en espasmos epilépticos. Aún así, y como soy masoquista de profesión, no puedo ocultar mis deseos por pertenecer a la mayoría del pueblo que percibe, siente y sufre de manera normal: Enviar cartas diariamente con el único fin de demostrar una preocupación constante -no como una, que sólo las escribía cuando se trataba de evitar desastres nucleares capaces de acabar con Finlandia de un plumazo-, pensarse mutuamente en un corazón ubicado en la esquina de algún cuaderno en vez de anotar o prestar atención a cierta clase, en fin. De todas formas creo que gasto inútilmente mi energía al hablar de esto, pues aún me queda tiempo.

Por otro lado, lo anterior no excluye el hecho de las ganas enormes que tengo de conocer a una persona que rompa con mis esquemas construídos con papel maché, diametralmente opuesta a los que me hoy me rodean. Alguien sano, tanto física como mentalmente (esto último es de suma importancia, por no decir esencial) y que sea capaz de mirar el mundo tan objetivamente como para provocarme desmayos instantáneos al dejarme sin poder decir palabra alguna. El problema es que estos bienaventurados seres suelen ubicarse desde el C1 hacia arriba y para una, orgullosamente del C3 picando a D, son inalcanzables por una cosa de redes sociales ineficientes y de la estratificación, esa enfermedad horrorosa de la que esta sociedad parece padecer con gusto. ¿Quién quiere rescatarme desde el suburbio y subirme a su platillo volador?

Oh, y mirando lo anterior se me viene a la cabeza un texto que leí una vez sobre el exacerbado sexismo que ostenta el idioma castellano. Más razones para amar el país del norte: el suomi es una de las pocas lenguas del mundo capaz de jactarse de no poseer ni una sola palabra que diferencie géneros, sino que para identificar si el objeto es de carácter masculino, femenino, travesti o polisexual se valen de la ingeniosa utilización del sinfín de prefijos y sufijos con los que podrían construír un zigurat en el ártico. Maravilloso.

Ayer, mientras contaba los segundos con mis pestañeos en el estudio fotográfico, noté que me es imposible sonreír con naturalidad. No es un chiste. Cada vez que hacía un amago de felicidad de pastiche en el rostro, una mueca horrible se instalaba sobre mi mentón y, además, mis mejillas temblaban como si fuese el acabóse. Resultados lógicos son los que cualquier persona podría imaginar a sabiendas de lo ya descrito: una expresión dura y algo aburrida, todo esto acentuado por el estoicismo que mi boca gritaba aún estando cerrada.
A veces pienso que no es casualidad el que mi tez -aún siendo oscura según criterios nórdicos- no sea morena como el resto de mi familia, y que por añadidura mi cabello sea de un negro infranqueable, tanto así que hasta parece teñido (ah, también por el estado en el que está, pero eso es otra historia). Fue el genio maligno quién me impulsó a leer a Poe a los cuatro años. Ni siquiera lo entendí, pero algo de subliminalidad debió de haber quedado entre los pliegues de la corteza cerebral. Cuán terrible es notar que los designios externos a la humanidad o la predestinación me impusieron una tribu urbana sin previo consentimiento de mi parte.

Los cigarros marca ‘Latino’ son la salvación para el bolsillo del hijo del obrero. Su desventaja es el sabor a establo que queda en la boca, pero arg, la angustia matinal es más fuerte.

Ahora una no se entera de las calamidades, copuchas, tragedias, dramas o detalles de las azarosas vidas de tus amistades de sus propias bocas. Facebook tiene la exclusiva para darla a conocer en vivo y en directo a todas las pobres almas que componen dicha red social. Así, el ser humano abandona su carácter de gregario tan rápidamente, que su velocidad llega a igualar la alcanzada por la caída libre de las bolsas de N.Y. Veremos si también es capaz de equipararse a la potencia que tendrá el porrazo del sistema en un futuro no tan distante.

Quisiera poder pasar una noche con Mick Jagger -la gente que ha leído ésta y entradas anteriores está en todo su derecho de creer que tengo una gerontofilia candidata a tratamiento, pero en la práctica es todo lo contrario, debo decir (salvo con las estrellas del ruockh, ellos son de otra especie)- y llamarme Angie para ser merecedora de sus notas multicolor y perderme en ellas.

Messenger es una bosta. La tecnología también. En consecuencia, yo vendría siendo una suerte de eschericha coli de la colonia puesto que me surto de ella indiscriminadamente y sin culpa. Los del CERN deberían apurar la causa para que el LHC nos mate luego y la tierra quede libre de sus parásitos.

Lo que sea. Tengo sueño -he pasado de largo dos noches- y un hambre que me devora sin miramientos. Hora de dormir. Saludos a los teletubbies que viven bajo el suelo de Parque Bustamante. Besos con sucralosa para todos.

*Si usted se tragó la patraña del párrafo seis y me cree verdaderamente capaz de sostener una teoría tan enqlenque como esa, considérese estúpido y cometa suicidio tan pronto como le sea posible. Es un consejo, nada más.