Pagaría por extender esos minutos tibios hacia el infinito y que éstos transformados hubieren sido en indigerible testimonio de lo que esa banca guardará mientras la lluvia no la pudra. No hay necesidad de ingerir algún tipo de sustancia ilícita para ver la fiesta que se armaba dentro de tus pupilas. Me entusiasma contemplar sentada la ebullición sin tomar la taza después. La imagen seria y estoica esconde detrás una consistencia tan elástica y moldeable como un chicle. Podría decir que eres como un Dentyne, o Bigtime, o no sé. Grosso. La menta hizo que mis sentidos se congelaran y mi vista se enfocase en el cielo y las pocas (pero suficientes) estrellas que el mismo nos regaló. Estaba despejadito, ¿lo notaste? Lo dudo, pues estabas demasiado ocupado haciéndome trencitas -licencia que yo no te he dado, por cierto-. Fuerte, fuerte, fuerte. Supongo que el verde no le queda a nadie mejor que a ti, pese a que es uno de los colores que más aversión me provoca. Quería hacer globitos de helio como en los que voló el curita ése, pero dah. Me gusta eso de que puedas aguantar boberías adolescentes que tú jamás pensaste, de esas confusiones hechas a base de carrete + sicotrópicos + delirios de asperger. Soy un estropajo y te ríes de mi innoble condición. ¿MagoPad? ¿Virutex? El lavalozas en esta ocasión no importa. No me interesa limpiar las marcas de historias anteriores, gracias. Hay una distancia enorme entre mis lloriqueos de los diecisiete y el viejazo. Quizás anheles sentirte joven y viril como antaño y por ello busques mi compañía. No obstante, eres poco más que un MentaChicleFuerte y -para mí y mi paladar- eso no es suficiente. Luego de haber probado moras, sandías (viva la vida), strawberries&stuff, mis muelas se cansan de masticar tanto sin tragar, por lo tanto has de quedarte en el umbral aguardando el terremoto que jamás llegará. No hay placas tectónicas en ese micro-cosmos, dear. Y qué pena dejarte con las ganas, pero los años me han despojado de toda consideración hacia el prójimo -nunca tuve complejo de buena samaritana, en todo caso-. Espero que, como tantos otros repartidos por ahí, en el futuro sepas reconocer entre la presa y el cazador. Seguiré jugando hasta que me aburra y te escupa en algún basurero por Vicuña Mackenna (por ahí pasa la 210, para que no te pierdas). Mi existencia ahora tiene splenda y he de tragar médulas como condenada al infierno. Ten cuidado.
*Oh, y antes de que se me escape: no, no soy neo-nazi ni anti-semita ni nada por el estilo. Son expresiones arraigadas en mi vocabulario que no eliminaré a estas alturas, pero nada más. Consideré importante hacer dicha aclaración, para evitar malos entendidos posteriores.