Malas Noticias


Money, get back
Octubre 5, 2008, 10:48 PM
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El otro día me metí al computador -después de llegar reventadísima de Preu (uno que empieza con ‘P’ y termina con “… edro de Valdivia” al cual voy, más que nada, por cargo de conciencia. Harto cara es la hueá como para andar faltando cuando se me antoje- a revisar correos, fotolog, flickr, blog y cuanta cosa en la cual yo ejerza soberanía en la internéh. Nada fuera de lo usual. No obstante, cuando abrí MSN así como para saludar al mundo, veo en el mensaje personal de uno de mis contactos (fuckin’ manía de la gente por hacer de esta instancia un mini-blog. La idea es que todos se enteren de sus estados de ánimo, futuros panoramas, rupturas amorosas, etc, sin siquiera preguntarles) “… con la entrada de Nightwish”. Lo siguiente puede adivinarse: Mozilla > Ticketmaster.cl > Conciertos… $18.000. Diez más ocho lucas. Si bien mis gustos musicales abarcan una enorme extensión en cuanto a géneros and stuff, ese grupo tiene un rol especial y protagónico en mi vida. Suena cuático, pero así es la cosa. Y rayos, pertenezco al humilde sector medio-bajo y la plata no me sobra.

“Ya que estoy en Ticketasd, también reviso los precios del SUE”; mala idea. $11.000 la nunca bien ponderada galería, desde donde -y con mucha suerte- podría apreciar la calva de Michael Stipe a cinco kilómetros de distancia. Toda esta frustrante situación me hizo reflexionar sobre nuestra condición de primates culturales. No es posible que en el cartelito de PVC con 256 colores y añadidos que ilustra en su superficie la imagen de determinado candidato a concejal (y no es por restarle importancia a dicho cargo, pero -y con la manito en el corazón- ¿WHO CARES?) que está colgado en la esquina se hayan gastado lo suficiente para cubrir el precio de mi felicidad y nadie diga nada. Lo peor es que cuando esa gente, que suele llenarse la boca en sus charlas a las Juntas de Vecinos con que impulsarán la cultura y las artes, resulta electa, siguen satisfaciendo su codicia a costa de todos nosotros.

Todos se aprovechan de todos y no nos damos cuenta. Las productoras, además de ser como el forro -Lighthouse (quienes traerían a Nightwish en primera instancia) no quiere devolver el valor de las entradas supuestamente ‘VIP’ que quedaron invalidadas luego del cambio de contacto-, alegan que Chile está en el rincón más alejado del mundo, que no somos muchos, que no escuchamos música, entre otras cosas, para cobrar precios exorbitantes. Como sí somos giles, pagamos. Lo mismo con los libros, con los discos, con todo (y después se quejan porque la descarga p2p va en franco aumento).

La escasez abarca desde campos tan banales como los conciertos hasta my own destiny. Cuando propuse en el dulce hogar mi posible partida hacia allende Los Andes en búsqueda de mejores opciones de educación superior (puesto que allá las Ues son ‘gratis’), me mandaron a la cresta por motivos -principalmente- económicos (“y cómo te vamos a pagar la pensión y asdasdasd!?”). Por otro lado, si las cosas marchan como espero que lo hagan, el próximo año de todas formas tendré problemas, sobretodo porque últimamente me siento tentada por la vanguardia, estilo y calidad de la PUC (pese a ser un hervidero de fundamentalismo religioso). A lo mejor mi padre hace las movidas para pagar el arancel y todo, pero yo padezco de pobreza crónica. Nunca tengo plata y esta situación, para los hippies-lana y la juventud peloláis que puebla las Universidades Privadas, es causal de segregación. Y sorry, pero ni ahí con ser discriminada por estos cuicos made-in Las Condes ni mamarme sus comentarios clasistas (en mi memoria hay registros de historias contadas por mi ex-novio sobre la vida en la UNAB que vienen a confirmar mis prejuicios).

Lo peor de todo lo descrito, es que no soy la única. Como yo hay montones de adolescentes perdidos por la existencia tratando de encontrar formas para resolver sus vidas sin precisar de cuantiosas sumas de dinero, y con esto no me queda más que maldecir este país. (y dah, no me vengan con eso de que “en Perú, Bolivia y/o Sierra Leona están peor que aquí”)

Hoy salí a comprar pan y cuando pasé por la esquina, el cartelito que mencioné anteriormente ya había sido mordido por un perro y lucía sendos tags sobre la boca del sr. candidato. Ahí quedó la plata ‘invertida’, me dije. Cuando volví a la casa, me dejé el vuelto y lo eché al chanchito. Ojalá de aquí al 3 de noviembre llegue a las once lucas.

* y menos mal que no me gusta Madonna, sino estaría escribiendo esto desde El Peral.