Los cambios de ambiente suelen hacer trabajar a mis engranajes cerebrales para así lograr su adaptación al nuevo medio que me rodea, pero de paso también arrojan unas cuantas cosas mil veces pensadas pero jamás materializadas o pre-visualizadas. ¿Cómo qué? Como que la vida de la gente con ventajas físicas es tan, pero tan fácil. Pueden permitirse ser unos completos idiotas-llorones-desechosdelsistema y nadie podrá recriminarles nada, pues el castigo divino de la belleza con la cual deben lidiar todos los días los justifica para transformarse en verdaderos mendigos de la cordura. La egolatría sólo puede fundamentarse en un concepto global de ‘perfección’, sino simplemente raya en la ridiculez. Si fuera por mí, les prestaría a mi hermana menor un ratito para que se den cuenta de cómo son y no deben ser (hoy tengo el poder de dictar mis dogmas sobre el ideal de maldita humanidad; nadie me discute).
En ocasiones siento como si un gusano de grandes dimensiones fuese a salir de mi frente para mostrarme cómo ha crecido la población de parásitos mamones que se alimentan de la memoria. Arg, es que me carga acordarme de cosas a las cuales hace rato les di un portazo en plena cara. Cuando se está sola frente a una playa cuyos colores ya fueron procesados en algún universo perdido, con un ayuno sostenido y cigarros por doquier, éstos tienden a flotar en sangre (la mía). Es que arf, justo sonaba esa cancioncilla que le provoca escalofríos a la Belén cada vez que la escucha -y por esta razón la tiene en todas sus versiones, de todos los grupos conocidos, desde la celta hasta la chill-out- y es en ésas circunstancias cuando pensar en aquellos que se quedaron detrás del puente, los que lo cruzaron y Johnny Depp se hace inevitable. En fin, supongo que mi condición síquica no me deja otra alternativa que seguir fluctuando entre el cero absoluto y el gusto a sacarina del sentimiento (supuestamente) más dulce.
Hoy no quise tomar, no quise volarme. No quise nada. De un tiempo a esta parte todas esas cosas que anteriormente me parecían indispensables para poder seguir imaginando colores en donde no los hay pierden su sentido en pos de objetivos menos volubles. Considero que no es necesario un caño para poder reír a destajo (aunque sí es muy útil en situaciones de presión, pero dah) ni alcohol para drenar la depresión que se filtra por los poros cutáneos, invadiéndolo todo. Todo está en la mente, cabros. Escribir en la arena con los dedos es mucho más efectivo que cualquiera de los métodos descritos ahí arriba. Maybe mi autoridad y/o moral en estos asuntos no cuenta mucho -basta revisar mi historial, nada más-, pero para aquella gente que pretende hacer reset y/o representar una tragedia Sound ahogando sus penas en cerveza sería bastante provechoso echarle una revisaíta al Hard Disk. Quién sabe si concluyen lo mismo que estoy planteando ahora mismo y formamos una cofradía de gente feliz y todos felices. [?]
El Chico está siendo asediado por un fulminante dolor de mandíbula debido a haber mascado chicle durante todo el día. Tiene frío e insomnio, también. Además, descubrió que aún quedaba un poquito de fuerza de voluntad escondida entre su cabello. Lleva ayunando mucho rato y aún puede más. Escucha The Cranberries e imagina attackazos artísticos que nunca podrá plasmar a causa de diversas limitaciones concretas que no viene al caso mencionar. Carry on, Carry on / the sun will always shine.