Tarde vengo a darme cuenta que no hay cosa mas sweet que aprovechar la elasticidad de una mente que rebota en acto de protesta por la indiferencia que le he tenido durante años. En tanto tiempo que estuve fuera de mí misma y a merced de una auto-compasión tiránica no fui capaz de ver el auge de un movimiento sindical que se propone barrer con todo lo (des)conocido hasta ahora. Me gusta esto. Lo cotidiano derechamente me aburre y los números en el calendario corren a una velocidad tal que el sexto sentido, o tercer ojo, o quinto cuerpo o [número ordinal] [sustantivo] se marea y se vomita y se pierde por tratar de cuantificar la magnitud de lo que se viene.
Incluso la permanencia es cuestionada. El otro día leí sobre la investigación de un método para eliminar recuerdos al más puro estilo “Eternal Sunshine of…”. Todo sería mucho más fácil, puesto que el pasado aún está etiquetado como Hormiga Cabezona y este factor sumado a mis cordones sin atar tienden a causarme tropiezos cada determinada cantidad de pasos. Hoy haré algo que en mis volás paganísticas-pendejas de 1º Medio apre(he)ndí y aún no olvido. A la basura con los cadáveres y desechos acumulados por siglos en el cerebro; no pude ayudarlos y el suicidio hizo de ellos un fértil latifundio donde echar sus raíces. La culpa no es mía ni de nadie, sólo de sus actos sin sentido. Ya no estorbarán en un espacio que pronto será rellenado con la fluorescencia indeterminada de la cosmovisión contemporánea. Heidegger acabó por convencerme de ir más allá con la voluntad de la mano. Sólo el sonido del piano y esa galaxia inaccesible en mi cabeza están fijados con cinta adhesiva. Lo demás, a la hoguera.
El mate cada día se transfigura en sabores distintos sobre mi lengua y cada uno de ellos mejor que su antecesor. ¡Cuántas ganas de zambullirme en ese vapor colmado del aroma que éste tiene, imposible de clasificar! En mis sueños pude observar su evolución de leve brisa a huracán y me dieron ganas de ser como él. Súbitamente tengo las alas y la esperanza infló tanto que mi pecho está a punto de reventar. Para cuando esto suceda, ha de ser la fábrica de nuevos vientos. Hoy creeré y mañana me reiré con ganas de todo lo hecho y deshecho kilómetros atrás.
Kiitos. Chaleco.