Cuando miro las cenizas derretirse suelo comparar la volatilidad de mis preceptos con el efecto de la gravedad sobre las mismas y me enojo. Soy incapaz de proyectar lo rígido y lo perecible unidos en sagrado vínculo, tal cual como detesto encontrar contradicciones en mi discurso y que éstas queden patentes. Bueh, pero por otro lado (desde los labios del vaso lleno) me conformo con que a fin de cuentas estos elementos son los pilares de la sinceridad que a punta de heridas, piedras pateadas y un sin número de errores he podido aprehender.
Si no he emitido juicio alguno hasta ahora respecto a ti, es porque ya no siento escalofríos al pensar en el hueco que dejé en tu colchón. Ya no me interesa ser el punto negro en mar de rosas, pues hace rato que el azúcar ya no forma parte de mi dieta. No estoy para melosidades. Por sanidad mental decidí abstenerme de cualquier intento por humanizarme. Soy un monstruo y es de conocimiento público que mi lugar está entre pantanos, moscas y desechos radioactivos. Adios a las reclusiones en sábanas y camisas de fuerza para auto-obligarme a sentir. Duele y no imaginas cuánto, pero ars, ahí tienes tus peras transgénicas. No puedo entregar más.
Mientras, me sentaré en el piso a esperar que la ley del retorno haga estragos en tu vida. Sé que finalmente tus pasos describirán tantos círculos que de una u otra manera acabarás regresando a la partida, la meta. La perdurabilidad de la intuición hallará descanso entre mis líneas de expresión (que desde ahora están cocinándose, cabe mencionar). Los celtas eran súper capos y les creo, aunque todo esté camuflado entre odas a la madre tierra, nubes que hablan de ontología y cosas por el estilo.
¿Ahora? Pues no lo sé y es fantástico que así sea. Tener plena conciencia de aquello que nace y muere en mi cabeza no me llama la atención. Terminaría hecha una loca sin brillo ni color y claramente esa no es la idea. Quiero mi cabello negro de vuelta, amo el rock ‘n roll, pero odio el mal hábito alimenticio que éste conlleva. Declaro fidelidad eterna a la yesca y los Kent Citrus. Los días que pasan se llevan consigo mis ansias de tenerte. Respirar es una tarea que no merece tanto esfuerzo y por ello dejo que el vicio merme tranquilamente mi capacidad pulmonar. Quedo satisfecha tan sólo con cigarrillos, la palabra y el saludo a las notas flotantes. No pido nada más. El tiempo es libre.
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